lunes, 5 de noviembre de 2012

El día que desapareció la Virgen


En una de las calles de San Juan de la Rambla el letrero inciso en el enfoscado de la pared de una casa nos dice que el luctuoso 7 de noviembre de 1826 el barranco se llevó esa esquina siendo levantada de nuevo en diciembre. ¿Cuál es ese luctuoso suceso y por qué ha pasado a la historia de las catástrofes que han asolado las islas?

Los días 6 y 7 de aquel noviembre una terrible tormenta se abatió sobre las islas y fue Tenerife la más afectada de todas. Esa tormenta se conoce como el Aluvión de 1826 y el historiador coetáneo León y Xuárez de la Guardia nos resume aquellos hechos diciendo: “Viose que una masa enorme de agua descendió a la tierra, abrió nuevos y multiplicados barrancos, extendió hasta 600 brazas de latitud algunos que antes apenas contaban 20, abatió los árboles más corpulentos, hizo zozobrar a los buques, hundió las casas y arrastró hasta el mar los habitantes y los ganados; en una palabra, experimentóse en Canarias, bien que por el largo espacio de 10 a 12 horas que tuvo de duración, uno de esos tormentosos huracanes de que tan a menudo son víctimas las Antillas, y que sin embargo allá no son de tan prolongado tiempo".

Tenemos, además, otras informaciones de primera mano acerca de este acontecimiento en dos textos que narran los hechos. El primero de ellos pertenece a Sabino Berthelot, presente en Tenerife en aquellos aciagos días, que nos cuenta en sus Misceláneas Canarias en primera persona cómo vivió este desastre, que él llama el Huracán, en Santa Cruz. El segundo testimonio nos lo ofrece el beneficiado de la iglesia del Realejo Alto, don Antonio Santiago Barrios, que de forma prolija nos cuenta lo ocurrido en la zona del norte de la isla que comprende desde La Guancha hasta el valle de La Orotava. Hay más documentos que se refieren a estos hechos, pero entre todos destaca el mapa que dos años después adjunta el entonces alcalde del Puerto de la Cruz, Álvarez Rixo, para que se remedien los daños causados por el temporal en la zona aledaña al barranco de Las Lajas o de San Felipe.

Porque fue en el norte donde se contabilizaron los mayores estragos y así tenemos relaciones en las que se habla de 243 personas fallecidas, 211 casas destruidas y más de mil animales muertos sólo en el Valle de La Orotava, San Juan de La Rambla, Icod y La Guancha. Si a estas personas fallecidas en el norte les sumamos las del sur, podemos estar seguros de que se trata de la mayor catástrofe natural que ha padecido la isla, con unos daños materiales incalculables, y que el total de víctimas humanas debió sobrepasar ampliamente los tres centenares.

No obstante lo anterior, esta catástrofe tuvo otros efectos que tienen que ver con nuestro patrimonio cultural e, incluso, espiritual. La villa de Candelaria era en aquellas fechas un pequeño pueblo de pescadores cuya vida giraba en torno a la presencia de la Virgen. En el plano del ingeniero militar Riviere, de 1741, podemos apreciar las casas de la población, que no debían de pasar de 40, y los edificios más importantes: la iglesia de la Virgen y el convento (C) y frente a él el castillo de San Pedro (A) y la vivienda del castellano (B). Un poco más hacia el oeste vemos la cueva de San Blas (D) Según afirman Escribano y Mederos en un interesante informe sobre las prospecciones arqueológicas en la playa de San Blas de Candelaria, el motivo de la presencia de un castillo en Candelaria tenía que ver, más que con las necesidades estratégicas, con la necesidad de defender de los ataques piráticos las riquezas que acumulaba la Virgen por las donaciones de sus fieles. Si seguimos observando el plano veremos que al este de los edificios y separándolos del pueblo, aparece el cauce de un barranco. 



El 7 de noviembre, el barranco de Tapia, que así se llamaba, tras desbordarse arrasó completamente el castillo de San Pedro, arrastrando también la casa del castellano donde se encontraba de guardia el sargento con su familia. De ambos edificios apenas quedan restos. Hasta hace algunos años se podían observar en la playa algunos sillares de la antigua fortificación y en las prospecciones arqueológicas antes citadas se encontraron otros restos sumergidos. Hoy sólo un topónimo en la costa candelariera, el Cabezo del Castillo, recuerda su existencia.


Pero el temporal también se llevó un preciado tesoro, pues las aguas destruyeron el convento y la iglesia donde se encontraba la Virgen desapareciendo esta en las aguas. Luego, la Virgen de Candelaria que se venera en la actualidad no es la misma imagen que, según la tradición, se encontraron los guanches en la playa de Chimisay de Güímar y que luego fue llevada a la cueva de Achbinico o San Blas. Entonces, ¿cómo era aquella virgen desaparecida? 

Fray Alonso de Espinosa en su Historia de Nuestra Señora de Candelaria la describe como de unos cinco palmos de estatura, con un rostro un tanto largo con ojos grandes y rasgados, de color algo moreno "con rosas muy hermosas en las mejillas", no lleva tocado y tiene el pelo rubio. Lleva al Niño en el brazo derecho y una vela verde en la mano izquierda. Esta descripción se corresponde con las imágenes que todavía hoy podemos contemplar en los cuadros de la actual basílica, pues tanto la figura como la vestimenta que aparecen reflejadas son las de la virgen antes de su desaparición.

Desde que se perdió la Virgen, los frailes dominicos del convento trataron de conseguir alguna de sus copias para sustituirla. Ante la imposibilidad de obtenerla, le encargaron al escultor orotavense Fernando Estévez que tallara una imagen que es la que actualmente recibe culto. Y la antigua imagen, ¿desapareció para siempre?

Hay una imagen en la iglesia de Santa Úrsula de Adeje que responde fielmente a la descripción de Espinosa y que se había creído que era una copia del siglo XVI de la original, pero en un articulo publicado en 1999 por V. Gómez, se afirma que, tras la datación con carbono 14, la cronología debe retrasarse al siglo XV. Esto supondría, en opinión del autor, que en Adeje se encuentra la imagen original. ¿Puede ser esto posible?

Tengamos en cuenta que los Marqueses de Adeje y Condes de La Gomera eran mayordomos de la Virgen de Candelaria y tenían casa en el camino que va a la cueva de San Blas. Algunos piensan que pudieron llevarla a la iglesia adejera y sustituirla por una copia. El debate sigue abierto, aunque las últimas interpretaciones de carácter esotérico no aportan mucha luz al mismo.

En cualquier caso, sirvan estas líneas para recordar la mayor catástrofe natural sufrida por la isla y de la que pasado mañana, 7 de noviembre, se cumplen 186 años.

La villa de Candelaria en 1820.


Manuel Jesús Martín Martínez nos ha proporcionado una imagen de la Virgen de Candelaria tal como aparece en un grabado de 1703 obra de Juan Pérez que reproduce una imagen que se hallaba en la catedral de Sevilla..


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10 comentarios:

  1. En casa estamos boquiabiertos. Acabo de leerlo en voz alta para toda la familia y sólo he oido Oh! y Ah! y "sigue, sigue". Todas las historias que se cuetan son sorprendentes y muy poco conocidas. Gracias.

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    1. Me alegra, apreciado Druso, haber contribuido a crear ese cordial ambiente familiar en torno a la lectura de mi artículo. Ya se sabe que, y parafraseo al padre Peyton, la familia que lee unida permanece unida.
      Abrazos para todos.

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  2. Enhorabuena, profesor. Interesantísima entrada la que nos regalas, Melchor. Buena investigación sobre un tema que debemos conocer los habitantes de esta isla y del que muy poco se sabe. Yo, por lo menos, desconocía casi todo lo que nos cuentas. Enhorabuena, otra vez, y a seguir así.

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    1. Este artículo, lo llevaba "matraquinando" en la cabeza desde hace tiempo pero quería sacarlo estos días de noviembre pues mañana se cumple un aniversario más de esta terrible tragedia.
      Me alegra de que te haya gustado. Seguiremos, pues, con ánimo.
      Besos.

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  3. Muy bueno Melchor. Interesantísimo y buen trabajo.

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    1. Gracias por su amable comentario, anónimo amigo.

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  4. Muchísimas gracias por aportar tan buen trabajo!!!

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    1. Muchas gracias por tu amable comentario y por leer estas historias.

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  5. Hoy lo he vuelto a leer, culpa del día, de Agustin y Lolina
    Gracias profesor

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