“Todo lo antiguo se va derruendo; todo lo antiguo, que es lo que evoca el recuerdo grato de lo pasado y nos proporciona las emociones más íntimas en nuestras almas, toma el rumbo de desaparecer”

Don Amado Riverol, anciano marino, capitán de puertos y comandante militar del trozo de Orotava, que en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz. (Del blog "Canarízame")

domingo, 19 de octubre de 2014

El convento de las Clarisas de La Laguna y su Museo de Arte Sacro.

por Margarita Gallardo González

La autora de este artículo es Licenciada en Geografía e Historia y responsable, desde hace muchos años,  del Archivo del Monasterio de Santa Clara de Asís de La Laguna. Se ha encargado, pues, de la tarea de catalogar los importantes fondos documentales que custodia la institución desde su fundación. Para este blog es un auténtico honor contar con ella en estas páginas.



El establecimiento de la orden de Santa Clara en las Islas Canarias obedece a la demanda de una determinada sociedad que, desde comienzos del siglo XVI, está solicitando la fundación de un monasterio capaz de cubrir las necesidades espirituales de la población femenina. En 1547 llegarían a la Isla de Tenerife diez religiosas clarisas, procedentes de los monasterios andaluces Regina Coeli de Sanlúcar de Barrameda y San Antonio de Baeza. Esta primera aportación permitirá a la ciudad de San Cristóbal de La Laguna disponer de un cenobio para dar cabida a la gran afluencia de vocaciones que se genera. El resurgimiento de una nueva piedad, el fervor religioso, la política tridentina que apuntaba hacia una clausura sin fisuras, el incremento demográfico y los propios intereses de personas de elevada posición social o relacionadas con estamentos privilegiados serán, los factores espirituales, sociales y económicos que en mayor medida influirían a la rápida expansión de las clarisas franciscanas en el archipiélago canario.                    
                         
Desde la primitiva fundación en San Miguel de las Victorias hasta el traslado de la comunidad al actual monasterio transcurrieron más de 30 años. Desde ese momento el crecimiento de la orden no va a detenerse a pesar de  las adversidades sufridas; sucesos como el incendio de 1697 o las turbulencias sociales, políticas y económicas del siglo XIX. Tras el incendio de 1679. Las religiosas clarisas vivirían durante algún tiempo acogidas en el Monasterio de Santa Catalina. Coadyuvaron a la reconstrucción de las zonas destruidas las familias de las religiosas, la utilización temporal de sus dotes y la generosa aportación de ricos donantes locales.
                    
La vitalidad de las clarisas laguneras queda recogida en la documentación de su archivo y nos ofrece la oportunidad de conocer las distintas ampliaciones de la fábrica, ampliaciones que obviamente responden a la necesidad material de un mayor espacio físico. Inventariar el contenido patrimonial del convento supone un primer paso que permitirá en un futuro profundizar y estudiar detenidamente cada pieza inventariada. A través de los años el convento de Santa Clara ha acumulado un rico caudal artístico y documental que ha llegado hasta nosotros gracias al celo de las religiosas que lo han custodiado e incrementado, con aportaciones familiares, propias y/o a través de donaciones particulares

Debemos mencionar que el estudio de estos bienes ha sido fundamental para la reconstrucción, al menos, de forma parcial de casi cinco siglos de historia. Dentro del respeto a la clausura conventual es un privilegio que hoy podamos mostrar su museo con obras y objetos de la vida cotidiana que gracias al delicado cuidado de las religiosas han llegado prácticamente intactas hasta nuestros días. En cuanto a la metodología utilizada  en el museo, si bien hemos dado prioridad a la funcionalidad, agrupamos las obras en las salas atendiendo a temas específicos en lugar de seguir un orden cronológico. Esperamos que el visitante pueda acercarse con más facilidad al carisma franciscano. Con paciencia, consenso de criterios y el trabajo de un reducido número de personas hemos ido valorando, seleccionando y ordenando cada pieza siguiendo un rigor puramente temático, como puede comprobarse en el inventario, para el que utilizamos la misma metodología.

Las pautas estructurales seguidas en las salas del Museo de Santa Clara de Asís y por consiguiente en el inventario de sus obras artísticas son el resultado de una idea preconcebida en la que ha primado  la sencillez franciscana y un orden temático que hemos antepuesto al cronológico  con el fin de facilitar al visitante respuestas a “Qué hacen y como viven 14 religiosas en un edificio de grandes proporciones arquitectónicas en el medio de la ciudad.” Cuestiones que más de una vez se han planteado personas cuando pasan por las calles Nava y Grimón, Ernesto Ascanio. Anchieta o Viana. Si su exterior es casi monumental, en su interior se conserva un rico patrimonio. Ha llegado el momento de dar respuesta a esas reflexiones abriendo unas puertas al convento cuyo interior comparte áreas claramente diferenciadas. Para algunas personas posiblemente será la primera vez que entran en una institución conventual, así al introducirse en el edificio e ir disfrutando de su arquitectura,  de las distintas dependencias y finalmente en la contemplación de sus salas encuentran la respuesta a muchas de sus anteriores cuestiones. Sorprenderán  elementos materiales y espirituales como la paz de los claustros o que este edificio conventual permanezca en pie desde el siglo XVI, habitado por la Comunidad de las religiosas clarisas que lo fundara a pesar de los años transcurridos y las vicisitudes que han sufrido en determinadas épocas. Es verdaderamente heroico su continuidad, firmes y fieles a la de su patrona.
                        
Para mejor clarificación, destacamos y distinguimos por sus diferencias  las tres estancias de mayor interés del edificio conventual:

Hábitat de la Comunidad  (clausura) donde se encuentran los elementos propios de una familia numerosa, un pequeño oratorio familiar, el obrador que atiende a necesidades litúrgicas propias y externas, sala de labor, cripta, claustros, secretaría, una formidable biblioteca y el “alma mater” del convento para todo historiador, su archivo.

Iglesia abierta al culto. 

Museo de Santa Clara de Asís.

SALA I “Regina Coeli”. Destaca el tema mariano en pintura y escultura (evidentemente el inventario se ha realizado con el mismo criterio). Contempla las piezas de orfebrería y textiles afines.

SALA II  “SALA SERÁFICA”. Destaca toda relación con los fundadores de la orden San Francisco de Asís y Santa Clara de Asís, así como con santos de la orden en pintura, escultura y el resto de elementos. Digna de mención aparte es una Piedad atribuida a Cristóbal Hernández de Quintana en el interior del oratorio y, por su originalidad, los retratos de dos jóvenes antes de tomar el hábito franciscano o los retratos postmortem de algunas “Venerables” en los que en breve profundizaremos, esculturas con sus atributos, orfebrería , textiles y otros materiales, además de las reliquias. Entre los “Bienes Muebles” de esta sala destacamos;  el báculo de la abadesa (su valor es sobre todo testimonial), un arcón de tres llaves donde se guardaban los documentos y objetos de valor. El hermoso baúl de procedencia mejicana, en su interior se recrea parte del ajuar de una religiosa. Incluimos también en esta sala el oratorio de la antigua enfermería del convento,  ricamente decorado.

Documentos que dan autenticidad a las reliquias expuestas,  6 muestras bibliográficas de los siglos XVII y XVIII y la biografía de Sor Catalina de San Mateo, religiosa del Monasterio de San Bernardino en Las Palmas de Gran Canaria.


SALA III “SALA DE LA REDENCIÓN” siguiendo el mismo orden; pintura, escultura y sus atributos de orfebrería textiles además de otros materiales. Liturgia con 4 atriles y una cruz relicario. Entre los Bienes Muebles de esta sala es digna de mención la Capilla de Nuestra Señora de la Piedad rematada con una calcografía de la Dolorosa.

SALA IV. “Quién como Dios”; pintura, escultura y atributos, orfebrería textiles y otros materiales. Contiene esta sala cuatro capillas, dos doseles y un baldaquino entre sus Bienes Muebles. El único elemento correspondiente a la LITURGIA es un ostensorio de madera policromada.

SALA V “Corpus CHRISTI” dedicada totalmente a la LITURGIA  a excepción de un sagrario de madera  policromada y un Guión los objetos expuestos pertenecen al capítulo de la LITURGIA.

En el “CLAUSTRO ALTO” el visitante encontrará Baúles de Ajuar, un Tenebrario y algunos elementos musicales singulares como la conocida “tambora”.

“De Profundis”. En la PLANTA BAJA se expone un Altar y Manifestador, las incorporaciones posteriores, varios “testigos” de la antigua escalera procesional y textiles antiguos.

Concluimos la visita al museo y su inventario en el CLAUSTRO BAJO donde se conservan las viejas campanas del siglo XVII, en bronce y las insustituibles maquetas que dan una visión global del convento; antes y después de la última restauración con el acondicionamiento del inmueble que ha permitido armonizar la vida contemplativa y la apertura al exterior de este museo.  

El museo se encuentra en la calle Viana, nº 38 en La Laguna (Tenerife)                                                                                                 .

sábado, 11 de octubre de 2014

El reloj de la Catedral de La Laguna (y II)

por Carlos García


La copla sirvió para mantener latente un conflicto añejo que venía desde tiempos pasados y que diferenciaba totalmente a la sociedad de Aguere dividida en dos territorios marcados. Las envidias y recelos continuaban entre las personas que habitaban en los dos barrios correspondientes motivando algaradas y peleas. Con el tiempo, la disputa se avivó al conocerse la decisión del obispo Cámara y Murga de construir una nueva torre en la iglesia de la Concepción para la adquisición de una nueva campana mucho mayor que las existentes. Pero sobre todo, con la intención de traer un nuevo reloj a la Villa de La Laguna. Este reloj fue encargado a la ciudad de Londres por el comerciante Guillermo Van den Heede Dujardín con un coste de catorce mil ciento cuarenta y un mil reales de vellón, llegado a la isla a bordo del bergantín goleta “Las dos hermanas” el 8 de junio de 1751 y ocasionando una disputa entre la  parroquia de Los Remedios, la de la Concepción y las Casas Capitulares.

Pero además originó una rocambolesca situación, según bien nos relata Luis García de Vegueta en su libro “Islas Afortunadas”, y que encontramos entre las notas del Diario del regidor  Anchieta y Alarcón, en la que intervino la presencia de dos señoritas de la aristocracia lagunera enredando mucho más la tensa situación. Ante el litigio planteado por las parroquias, se decide en votación para dilucidar a quien corresponderá su ubicación. Asisten los regidores, el síndico personero, beneficiados y sacerdotes de las parroquias. No se llega a ningún acuerdo ya que cada uno argumenta a favor de su parroquia.

Entonces aparecen las damiselas laguneras que con sus encantos, amoríos y engaños seducen a los carreros encargados de recoger el reloj del velero, amarrado en el muelle de Santa Cruz, para que no asistan a su trabajo, con la excusa de citarlos por la noche en los jardines de sus casas. Esta argucia, maquinada de antemano por los partidarios de robar el reloj y colocarlo en la Concepción, motiva que se presenten en Santa Cruz y, tras recogerlo, lo esconden en los graneros del Cabildo. Se denuncian los hechos y comienza la investigación del paradero de lo robado. Debe intervenir el gobernador Juan Urbina quién comienza las pesquisas. Se reúne el Cabildo, se hacen Asambleas, todos hablan. Finalmente se ordena, por parte del Gobernador, la entrega del reloj a la parroquia de Los Remedios que, por mediación del Corregidor, se coloca en la torre que existe en la fachada para disfrute, servicio y gobierno de los laguneros, quienes dispondrán desde ahora de una sola medida del tiempo sirviendo para control de las horas de riego y de las faenas.

Anchieta describe en su Diario: “Martes, 22 de junio 1751, como a las once de la mañana subieron la campana grande del reloj en la torre de los Remedios; subiéronla la gente de mar de los navíos de las Indias, que a ello vinieron. A la tarde, todos fueron de diversión a las Mercedes, a caballo, y echando voladores, y al venir lo mismo, y a comer, que comieron en casa del mayordomo del Cabildo”.

Estado actual de la torre y el reloj.-

El deterioro de la torre y la fachada de la iglesia parroquial de los Remedios se hacía patente desde 1813, situación que advirtieron Cristóbal Bencomo, arzobispo de Heraclea, Pedro Bencomo, chantre de la catedral de Canaria y Santiago Bencomo, deán de Canarias, todos hermanos, que decidieron acometer una profunda renovación arquitectónica de aquella a costa de su propio patrimonio personal. Estos benefactores trajeron los planos de la catedral de Pamplona que había elaborado Ventura Rodríguez para realizar la modificación que exigía el frontis de la iglesia lagunera. Ya en este momento se había formado la diócesis Nivariense, en 1818, tras haberse segregado las cuatro islas occidentales como había referido al principio, situación que propició la transformación de parroquia a catedral,  en lo que tuvieron que ver mucho los hermanos Bencomo, instalándose el nuevo rango eclesiástico en diciembre de 1819.

Estos planos originales fueron modificados por Juan Nepomuceno Verdugo y Pedro Díaz quienes se encargaron de las obras que fueron finalizadas en 1825, tanto la torre sur como el pórtico, colocando en su cúspide una de las dos veletas de bronce que coronan los torreones. La falta de presupuesto económico hizo detener las obras hasta 1882 en que comenzó a edificarse la segunda planta de la fachada, finalizándose la torre norte, en 1916, aunque en 1897 tuvo que clausurarse la iglesia por amenaza de ruina del crucero y del cimborrio, situación que se corrigió a principios del siglo XX con proyecto del ingeniero Rodrigo Vallabriga, que derribó todo el edificio excepto el frontis original de 1820.

La fachada que hoy podemos contemplar es una muestra de estilo neoclásico con una sensación de poca altura, muy achatada,  si se compara con su copia de Pamplona y toda la obra pertenece a la realizada hasta 1915, a excepción de la última torre que se construyó un año después. Tras las modificaciones y reformas llevadas a cabo a lo largo de su historia, el templo conserva interiormente de su etapa primitiva la planta general, estando constituida por tres naves habiendo sido sustituidas las dos laterales previamente existentes para la ubicación de las capillas, y desde la última renovación arquitectónica poco queda de la configuración original de la iglesia parroquial.

De la fachada, como escribe Cioranescu, versión modificada de la catedral de Pamplona, se compone de dos cuerpos; el inferior con un atrio de cuatro columnas toscanas  flanqueadas por dos puertas; el superior con sus esquinas de cantería típicas canarias, se compone de cuatro ventanas rectangulares con otra de mayor dimensión circular y un frontón en el atrio de forma triangular. En las dos esquinas del frontis se alzan  sendas torres con las campanas y en una de ellas, el reloj. Subiendo a la torre donde se encuentra el reloj, visita realizada con el acompañamiento de uno de los encargados de darle cuerda y de su cuidado, el amigo Eloy, que  siempre de manera voluntaria lo realizó en su momento, lo mismo que acompañado y junto a Domingo el sacristán, pude verificar su funcionamiento y comprobar una serie de circunstancias que me parecen interesantes darlas a conocer. Muchos han sido los encargados de tal menester no pudiendo olvidar a los conocidos “Perita” que, además de campaneros, han colaborado en el cuidado de aquel.

Algo que me sorprendió fue descubrir las numerosas inscripciones y escritos que se hayan pintadas en la paredes que conforman el habitáculo donde se encuentra el reloj. Son numerosas y variadas las frases que podemos leer y que se tratan de anotaciones hechas por quienes han tenido a su cargo el mantenimiento y arreglo del reloj, por lo que podemos decir es un diario, una agenda de lo acontecido durante muchos años con respecto a los personajes y avatares por los que ha transcurrido la historia del aparato controlador del tiempo de La Laguna. Pero no solo en lo que se refiere al reloj sino incluso existen múltiples anotaciones de la vida social y cotidiana de la ciudad de La Laguna con datos de fallecimientos de personajes conocidos, de circunstancias distintas en el día a día ciudadano. Son pequeñas narraciones periódicas que conforman un verdadero diario social de la ciudad de Aguere.

Algunas de estas anotaciones quiero dejarlas mostradas en este escrito para que puedan conocerse y descubrir la temática que alude. Y como muestra de ellas existen muchas dedicadas a informaciones sobre fallecimientos de personas y vecinos como las siguientes:

- El 2 de Junio de 1881 mataron a Pedro de Armas y Manuel Brito por asesinos
- El 7 de Marzo de 1906 murió D. José Leiva de Mesa
- Carmen García y Recco falleció el 1 de Agosto de 1910
- El 11 de Octubre de 1911 murió Dª Concha Salazar y Chirino
- Dª Trinidad Cambreleng falleció el 1 de Agosto de 1914
- El 16 de Septiembre de 1914 falleció Juan Alonso (a) Garrafón
- En Abril de 1914 murió la madre de D. Ramón Matías
- Juan Benítez de Lugo y García falleció el 27 de Octubre de 1914
- Juan Rodríguez y Rodríguez (a) Coneja) murió el 4 de Julio de 19...
- Murió Francisco García (a) El Largo el 20 de Diciembre de 1911
- El 9 de Abril de 1914 murió Dª Adela Amador esposa de D. Jesús Beyro

En otras podemos leer noticias sobre momentos determinados y hechos ocurridos en la ciudad  como las que dicen:

- 2 de Abril de 1901 se inauguró el tranvía eléctrico
- Se inauguró el alumbrado eléctrico del Instituto la noche del 4 de Octubre de 1911 siendo director de dicho centro D. Adolfo Cabrera Pinto
- Se hizo la primera acometida del agua en la casa de D. Francisco García calle de Pargo nº 15 el día 12 de Junio de 1911

Y por fin, otras informan de los arreglos y modificaciones que el reloj de la catedral ha venido manteniendo desde el siglo XVIII:

- S.P. 1842 (escrito con pintura negra y con grandes caracteres que sobresalen del resto)
- Se compuso el reloj el 25 de Abril de 1863
- El 1 de Enero de 1889 tomó Domingo Rodríguez el reloj
- El día 14 de Diciembre de 1895 se desmontó el reloj y se limpió por el relojero Juan Gutiérrez de Santa Cruz. 300 pesetas.
- En Junio del año 1899 se limpió el reloj porque se llevó una composición general hasta unas 500 pesetas y lo arregló D. Rafael F. Trujillo
- Me hice cargo de darle cuerda al reloj el 28 de Enero de 1906. José Bello
- Se puso esfera nueva el 28 de Marzo de 1923
- La instalación del nuevo cristal fue 3-9-66 colocado por el personal de la cristalería de don Santiago Martín siendo los mismos J. Ortega, M. Sosa, T. Rojas, L. Hormiga y J. Avalo

Ahora que el templo catedral de La Laguna, después de muchos años cerrado por reformas y tras las mejoras arquitectónicas en su nuevo diseño, deseamos que estas notas sobre las paredes y muros de la torre sur, la torre del reloj, se conserven y protejan como verdadero testimonio de un pasado ya lejano para que pueda seguir siendo conocido y contemplado por las futuras generaciones y que, por qué no, los actuales encargados de mantener y proteger la vieja esfera del tiempo, sigan escribiendo datos sobre las paredes blancas y continuar con esa tradición, que nadie sabe como y quién empezó, que nos ha servido para conocer algo más del pasado de la ciudad de San Cristóbal de La Laguna sin necesidad de acceder a legajos, libros, periódicos o papeles viejos en ningún archivo sino solo con visitar la catedral y escudriñar entre sus paredes.                                                  

jueves, 9 de octubre de 2014

El reloj de la Catedral de La Laguna (I)

por Carlos García


La catedral de La Laguna, primero capilla y luego iglesia parroquial titulada “ Nuestra Señora de los Remedios”, fue mandada construir por el Adelantado Fernández de Lugo bajo la autoridad eclesiástica del obispo Fernando de Arce, por lo que el Cabildo, el 26 de Marzo de 1515, tomó la decisión de edificarla sobre los mismos solares que ocupó la primigenia ermita, levantada con el nombre de Santa María, bajo la advocación a la “Expectación del parto de la Virgen”  y existente con probabilidad antes de 1511, al lado de los corrales de la incipiente villa lagunera.

Se tomaron las disposiciones oportunas para que la nueva construcción parroquial englobara, dentro de su capilla mayor, la vieja ermita, dejando dispuesto que el terreno de los solares colindantes se dejaran libres con el fin de  acondicionar una plaza alrededor. Esta primera fabricación de la iglesia, realizada por el portugués Miguel Alonso y por Juan Valenciano, canteros de profesión, finalizó en 1517, fecha en la que se contrató los oficios de los carpinteros Luis Barba y Antón López quienes, con la madera de un solo pino, según afirma la tradición, realizaron el techo del edificio. En 1521 una iglesia de una sola nave, de tipología canaria, con 80 pies de largo y 48 de ancho se abría al culto, rodeada de zonas no construidas, consideradas públicas, en forma de solares libres, conocidos como corrales.

Años después, en la visita de 1588 del ingeniero Torriani a Tenerife, encuentra una ciudad con casas y calles bien conformadas y la iglesia de Los Remedios, con el callejón de las Monjas por su cabecera, y otros callejones en sus lados cuyos espacios serán usados para el crecimiento posterior de las naves laterales e incluso con las futuras Casas Capitulares. El resto del espacio que circundaba la parroquia, todos ellos de tierra, conformaron el lugar como punto de reunión de los vecinos utilizándose, incluso, como lugar de pregones públicos o para la colocación de una fuente de agua para abasto ciudadano, idea que no llegó nunca a realizarse a pesar de las disposiciones recogidas en las Ordenanzas de la isla de Tenerife.

La obra de esta parroquia fue modificada frecuentemente con el transcurso de los años conociéndose que, de una sola nave, pasó a disponer de tres en 1590, fecha en la que parece haberse fabricado el primer campanario que dispuso del reloj del Cabildo que, por el peso de las campanas se resquebrajó. El Obispo Corrionero, en 1618, mandó realizar una torre nueva para la iglesia más en consonancia con la verdadera importancia de la parroquia, por no tener donde colgar las campanas, que fue encargada al cantero Manuel Penedo quién derribó la primera torre del reloj y construyó la nueva a la derecha de la entrada principal. Trabajaron en su levantamiento Jorge de Silva y Diego Penedo quién la finalizó con cinco pisos de altura en 1656, siendo en su momento la más alta de las islas. Su duración se prolongó hasta 1691 en que fue derribada y cambiada por otra nueva.

El callejón trasero de la capilla mayor de la iglesia fue mandado cerrar por el Cabildo en 1745 lo que permitió crecer la capilla y la nave y, siete años mas tarde, en 1752, se construyó un nuevo crucero y se abrieron las capillas laterales por medio de arcos, lo que transformó la edificación en una iglesia de cinco naves. En la ultima fase como parroquia, 1795, fue cambiado el primitivo coro que ocupaba el centro de la nave mayor, trasladando el altar del fondo de la capilla al lado de las gradas, tras el que colocaron la sillería del nuevo coro. 

Pero antes de continuar con la evolución arquitectónica que tuvo el edificio hasta convertirse en lo que hoy conocemos, diré que, en 1751 fue colocado otro reloj, costeado por el Cabildo, en la torre que lo sustentaba. Es la historia que aquí nos ocupa sobre el reloj de la catedral de La Laguna.


La importancia de las campanas.-

Dos parroquias de prestigio en un corto espacio de terreno, en una misma calle, a la vista una de otra,  no podía sino traer problemas entre los feligreses de la ciudad lagunera. Problemas muy antiguos, litigios y luchas de siglos de existencia que comienzan en  1521 cuando se pleiteó la salida de la procesión del Corpus desde una u otra iglesia. Controversias entre cofradías y beneficiados, incluso antes, por la reducción de una a favor de la contraria. Ánimos exaltados en la defensa de la libertad e independencia de la jurisdicción del Cabildo en cuanto al afán de no reconocer la autonomía de la primera iglesia, la de Santa María de la Concepción, la Antigua, la Mayor; luchas por el asentamiento de la Catedral, tras la Bula de Pío VII, de 1818, separando las cuatro islas occidentales del Obispado de Canarias y conformando la diócesis  Nivariense , momento en que la parroquia de Los Remedios pasó a tener el rango catedralicio, por la residencia del Sagrario Catedral; y tantas otras cosas.

La Villa de Arriba con la iglesia parroquial de Nuestra Señora de la Concepción donde habitaban los labradores, los artesanos, los trabajadores, el vulgo; la Villa de Abajo con la iglesia de Nuestra Señora de los Remedios, lugar de mayor abolengo social, de gentes nobles de apellidos linajudos, gentes adineradas, la aristocracia. Terreno y condicionantes, circunstancias propicias para la polémica, la disputa, las rencillas pueblerinas. Y en cada iglesia, en cada torre, las campanas que tañían, que sonaban con sus ecos en toda la población y que cada vecino identificaba con su entorno habitual.  La importancia de las campanas, su tamaño, su peso y su sonoridad siempre fue motivo de orgullo y diferenciación entre los pobladores.

Porque las campanas fueron siempre las voces de los pueblos, la comunicación entre los vecinos y feligreses, anunciando las festividades, informando sobre acontecimientos locales, refiriendo sucesos y dando noticias de peligros o alarmas. En épocas muy antiguas las campanas se utilizaban para distintos fines. Así los romanos, como nos informa Pascual Calvete en su “Historia de las Campanas”, anunciaban la apertura del mercado y la hora de los baños; o para anunciar el ajusticiamiento de los criminales o para informar sobre sucesos meteorológicos. Su uso en la iglesia de occidente aparece sobre el siglo VII y parece derivar su nombre de la región italiana de la Campania, por ser allí donde se fundían en bronce las más grandes y mejores por su calidad en el sonido.

Entre los años 604 y 606 se ordenó colocar campanas en todas las iglesias católicas para que se tocaran en los oficios, misas y en las festividades religiosas. Al ir creciendo su uso fue preciso construir torres mayores donde ubicarlas y para que su sonido se difundiera más y mejor. Más modernamente, durante los Concilios celebrados en 1584 y posteriores se prohibió que las campanas se destinaran a otros usos que no fueran los religiosos; pero ya en el siglo XVI se dispensó de tales prohibiciones siendo de uso para el anuncio de catástrofes, invasiones, fuego, mezclándose, desde entonces, los avisos religiosos con los civiles. 

Los toques de las campanas los realizan los  campaneros cuyo oficio fue de importancia en las sociedades de antaño ya que debían entregar mucho tiempo al mismo, estando prácticamente durante todo el día pendiente de repicar los diferentes toques que debían realizar además de encargarse del mantenimiento del reloj de la torre. Estos toques anunciaban tres momentos diferentes al día ofrecidos para la oración: por la mañana rememorando la Resurrección, al mediodía en memoria de la Pasión y por la tarde, en recuerdo de la Encarnación. Durante la Misa Mayor se toca, primero,  para convocar a los fieles a la misma y luego, en el momento de la consagración, al elevar la hostia, se toca la campana más grande del campanario, cumpliendo la norma de Gregorio IX, de 1240, para que los que no estén en la iglesia, oren y pidan a Dios en reverencia y adoración. 

En las grandes efemérides y festividades que conmemoran los aniversarios de los Cristos, Vírgenes y Santos las campanas suenan con alegría; mientras, en la Semana Santa no se tocan hasta el momento de la Resurrección. Y existen toques diferentes como los de bendición, los realizados  para las novenas, para las pascuas,  para las procesiones y para las festividades, los de oración, ya enunciados para el alba o el angelus; y los toques tristes para los funerales, a fuego, a rebato…Y existen toques de primera clase, segunda y tercera según sea la técnica del repique y las campanas utilizadas.
En resumen, las campanas son instrumentos musicales que con sus voces metálicas anuncian multitud de acontecimientos siendo su sonoridad lo más importante de sus elementos, mucho más que el tamaño o el peso y que viene dada en función de la nobleza y aleación de sus metales.

Las campanas de La Laguna y el litigio del reloj. 

Las de la Villa de Arriba, las de la Concepción, fueron primeras ya que en 1541 existían tres campanas que fueron cambiadas y aumentadas con otras nuevas años después. En su momento la campana mayor fue la más grande en la isla, pudiendo contener en su parte cóncava hasta doce fanegadas de trigo y que, para subirla, se precisaron doce parejas de bueyes debiendo perforarse todos los pisos en el centro para poder colocarla definitivamente en la torre. Esta campana se trajo de Flandes y su sonido no se correspondía con su gran tamaño por estar colocada, según se ha dicho, en el centro de la torre y no en sus huecos que no eran capaces de albergar semejante mole.

Las de Los Remedios, las de la Villa de Abajo fueron consideradas por sus feligreses como de mayor importancia que las otras; más grandes, mas pesadas; de veinte quintales la llamada Santa María y San José,  fundida en Holanda de un cañón inservible que donó el Ayuntamiento o Cabildo de la isla, y la Inglesa, la menor, de quince quintales de peso y fundida en Inglaterra, todas ellas consagradas un 11 de Diciembre de 1649 por el Arzobispo Francisco Sánchez de Villanueva con asistencia de numeroso público.

Las campanas que en la actualidad tañen en la catedral lagunera se distinguen cada una por su nombre. La principal, de clase, tiene la inscripción que dice” Santa María de los Remedios” que según información de del Gremi de Campaners Valencians, la hizo traer don Gonzalo de Castro, mayordomo de dicha iglesia, debiendo ser de 1700, aunque la fecha que tiene grabada es ininteligible. Otra se nombra La Esquila, de 1808; la siguiente La Chueca en la que se lee “me fecit Hijos Marcos”; en una más dice “reinaba Pontífice Máximo León XIII. Obispo D. Raimundo Torrijos Gómez. Me fecit Carolus Marcus et Ragel. Anno 1893”; la última es la María Antonia en la que pone “Deus meus et omnia. Año 1914. Construida por Esteban Puig. Gerona. Año 1914”.

Esta situación de pique entre los habitantes laguneros trajo como consecuencia la aparición de una copla, sin duda nacida de la mente de un vecino próximo a la Concepción, que recorrió las calles y que se recitaba por las esquinas:

            Las campanas de arriba
            son los clarines
            con que cantan y bailan
            los serafines.

            Las campanas de Abajo
            son las calderas
            donde calientan agua
            las panaderas.