“Todo lo antiguo se va derruendo; todo lo antiguo, que es lo que evoca el recuerdo grato de lo pasado y nos proporciona las emociones más íntimas en nuestras almas, toma el rumbo de desaparecer”

Don Amado Riverol, anciano marino, capitán de puertos y comandante militar del trozo de Orotava, que en un tiempo, llegó a ser alcalde del Puerto de la Cruz. (Del blog "Canarízame")

lunes, 12 de mayo de 2014

Un Corpus lagunero señalado

por Melchor Padilla


El día 29 de mayo de 1929 el periódico tinerfeño La Gaceta de Tenerife anunciaba en una gacetilla los actos programados para el día siguiente, festividad del Corpus Christi, en San Cristóbal de La Laguna. Entre estos, pues la fiesta tenía mucha más importancia en aquellos tiempos que ahora, se incluían no sólo actos religiosos sino también otros mas profanos como una luchada en la que se enfrentaban un combinado de Gran Canaria, Lanzarote y Fuerteventura y otro de Tenerife, conciertos de música en la plaza de la Catedral y la calle de la Carrera e, incluso, un baile nocturno organizado por el Ateneo en el Teatro Leal. Pero el eje central de la celebración del día era la procesión. Decía La Gaceta: "A las seis de la tarde saldrá procesionalmente de la Catedral el Santísimo Sacramento recorriendo las calles de Obispo Rey Redondo (la Carrera), Nava y Grimón (del Agua), San Agustín y Ascanio y Nieves, que estarán cubiertas por un tapiz de flores naturales, confeccionándose distintas alfombras que llamarán poderosamente la atención." Como era tradicional estaba previsto que acudieran todas las autoridades gubernativas y que fuera como escolta una batería del Batallón de Artillería de Montaña cuyo cuartel estaba en la plaza del Cristo.

Durante todo el día fue numerosa la afluencia de forasteros que recorrieron las calles de la ciudad de Aguere admirando las numerosas alfombras que, como sigue ocurriendo hoy, cubrían las calles por las que iba a pasar la procesión; pero entre ellos había uno que hizo que ese día del Corpus de 1929 quedara para siempre en nuestra memoria visual. 

Nos referimos al fotógrafo Wilhelm Tobien. Poco sabemos de su biografía, únicamente que era alemán, que falleció en 1946 y que recorrió en los años 20 y 30 del pasado siglo muchos países de Europa  -Austria, Suecia, Alemania, Bulgaria, Rumanía, Italia y las islas Azores, Madeira y Canarias- haciendo fotografías que iba publicando en distintos números de The National Geographic Magazine. De su paso por las islas tenemos constancia por las imágenes que tomó durante su estancia aquí en Tenerife, La Palma y Gran Canaria en el año 29 y sabemos por la prensa de la época que viajó desde Tenerife a Gran Canaria entre los días 10 y 12 de junio de ese año. De esos días son las imágenes tomadas por él en esa isla. Asimismo, viajó a La Palma, pero donde obtuvo el mayor número de fotografías fue en Tenerife. Contamos con abundantes imágenes de algunos rincones del valle de La Orotava y Puerto de la Cruz. En la Villa fotografió también imágenes de las alfombras de Corpus. 

Es importante señalar que las fotografías de Tobien no son coloreadas a mano sino que están tomadas utilizando las placas autocromas o la autocromía, una de las primeras técnicas de fotografía en color que se conocen. Fue un procedimiento fotográfico en color patentado en el año 1903 por los hermanos Lumiére y comercializado en 1907 y resultó ser el único procedimiento en color disponible hasta el año 1935. Las que aquí vamos a comentar se publicaron en el número de mayo de 1930 de la citada revista.

Estas son algunas de las imágenes que nos han quedado de aquel día:


Algunos de los Hermanos de la Escuelas Cristianas posan ante su alfombra acompañados de un grupo de niños justo enfrente del Colegio Nava-La Salle en la calle de la Carrera.


Vemos a un grupo de personas delante de la puerta de la Casa del Corregidor, cuya piedra aparece pintada de gris. En la acera unas regaderas para mojar las flores para mantenerlas frescas y darles más peso y que así no las arrastre el viento. Al fondo, la plaza del Adelantado y un coche que enfila la calle del Agua.



Un orgulloso artista se deja retratar ante su obra en la calle de San Agustín, ya cerca de la esquina con Viana. Como siempre en las fotografías de aquella época, un grupo de curiosos se une a la escena.


Alfombras y pasillos de flores ante la iglesia del Hospital de Dolores en la calle de San Agustín. Algunos curiosos y paseantes, entre ellos unos marineros.


Tres soldados francos de servicio, seguramente artilleros del batallón del cuartel de la plaza del Cristo tan ligado a la historia de La Laguna, posan con sus uniformes de paseo ante la puerta de la iglesia del Hospital de Dolores.


No puedo precisar con certeza dónde está obtenida esta imagen pero me inclino a pensar que es delante de la iglesia de San Agustín, en la calle del mismo nombre.


En la última de las imágenes, en esta ocasión en blanco y negro, aparece un grupo de jóvenes laguneras elaborando una alfombra en la esquina de la calle de la Carrera con Ascanio y Nieves. Arriba a la izquierda los jardines de la plaza de la Concepción.

En suma, un Corpus Christi lagunero igual a tantos otros que se han celebrado en la ciudad de La Laguna desde tiempo inmemorial pero que en esta ocasión permanece en nuestra memoria gracias a las imágenes que nos legó Wilhelm Tobien.

NOTA: Las imágenes que se incluyen han sido obtenidas de la red para ilustrar un artículo que, como todos los de este blog, tiene un carácter cultural y educativo y está escrito sin ánimo de lucro alguno.